
Soy inocente. La culpable es mi mano
siempre en el cieno y la ternura fácil
(la superficial emoción del momento).
Siempre en la materia vana.
Valorando por la tersura o la aspereza
por la humedad o el frío.
Ella la autónoma, ostentando su podredumbre
su afán por desnudarse
Ella, la corruptora, ambigua en sus descubrimientos
lo mismo un acto de contrición y de la señal de la cruz
que un gesto obsceno y paciente y obstinado y sensual.
Ah, mi mano.
Pervertida, indecorosa, sombría, mortal.
Limpiándose con esta confesión.
Raúl Rivero. Herejías elegidas. (Antología poética).
Ed. Betania
Esta entrada fue publicada en Mayo 9, 2008 a las 1:36 am y archivada bajo Literatura con etiquetas confesión, sensual. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a través del feed RSS 2.0
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