La tinaja
Incluso antes de entrar nos damos cuenta de que se trata de una taberna especial.
Igual que Buckingham Palace tiene sus famosos guardias, “La Tinaja” tiene cerca de la entrada sus cancerberos armados de litros de cerveza y guitarra. Trescientos sesenta y cinco días al año (léase Rintintín, Manolos varios y la pléyade de palmeros, mitad Erasmus, mitad cosecha propia) aporreando la guitarra y gritando rumbas o bulerías.
“Hooy me piensooo emborrachaaaarj, y si tuuu supieeras el motiiivo, te emborracharías conmigooo- ahhhrj”.
Al penetrar en su interior la primera impresión es si no nos habremos colado en el arca de Noé, en la taberna galáctica de Moebius o en los estudios Dreamworks en pleno rodaje de alguna peli.
Allí es posible ver tomando botellines a Shrek con el Hombre Araña; beber chupitos de orujo con Papá Noel, el Rey Baltasar y Moisés; hablar en el espacio de tres metros cuadrados con Ahmed, Andrea, Giacomo, Giovanni, P3ri, Mr. Poseidón, Marichalar o al Dr. Fahlton en una Babel caótica y al tiempo perfecta.
Nave policultural que nos lleva hacia el calor de los amigos, y por qué no, plataforma de lanzamiento hacia colocones interestelares, con “toda la curiosidad del mundo”.
Sitio donde el álgebra y el cálculo elevan su sutil abstracción hasta el punto de que, casi nunca dos mas dos son cuatro, o definir el concepto de “la última” con pulcritud matemática. 
En definitiva, una taberna amiga con ambiente lisérgico y amable donde poder beber, comer cosas típicas de Cuenca por un precio asequible, y donde sabes que cuando vayas, siempre encontrarás conversación, calor y buen rollo.
Un abrazo para Giovanni por su eterna paciencia con nosotros los de otro mundo.